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4 de Octubre 2013
Colaborar es de sabios

 

(Fuente de la foto: Susan van Gelder http://www.flickr.com/photos/susanvg/3382838948/)

Hace unos días leía el artículo Barreras hacia una actitud 2.0, del profesor Javier Juan Pérez, que me hacía reflexionar sobre nuestra actitud a la hora de compartir el fruto de nuestro trabajo. En palabras del autor, «ese paso de transformar tu propio trabajo de tesoro propio 0.0 a ofrenda al mundo 2.0 es un gran salto a contracorriente, acostumbrados en nuestra sociedad a la competencia en lugar de a la colaboración».
 
¿Qué ventajas tiene guardar nuestros materiales exclusivamente para uso personal? Ciertamente, nuestro trabajo no se verá trastocado por nadie, nos aseguraremos de que nuestro nombre no se elimine ni sustituya y podremos utilizarlo sin límites. Pero, por otro lado, ¿qué pasa con los materiales que utilizamos creados por otros compañeros docentes? A todos nos gusta localizar los materiales perfectos para nuestro aula, introducir las palabras mágicas en el buscador web y, «¡abracadabra!», encontrar algo que nos venga perfecto. Sin embargo, esto resultaría imposible de no haber sido por la generosidad de un profesor que ha decidido compartir su trabajo con el resto de la comunidad educativa. Por tanto, ¿no deberíamos obrar nosotros de la misma forma?
 
¿Qué ventajas sacamos de compartir nuestros materiales con otros? Daremos a conocer nuestro trabajo, posibilitaremos que nuestros materiales nos sean devueltos con mejoras realizadas por otros profesores, o nuevas propuestas que den un giro positivo que también podremos aprovechar (por supuesto siempre respetando los derechos de autor). Además de ampliar el número de trabajos, documentos, actividades y proyectos para nuestra materia y nivel.
 
Por otro lado, al poder compartir nuestro trabajo con otras personas, se suma la opción de generar materiales de manera conjunta, formando parte de proyectos y espacios colaborativos. Existen muchos ejemplos de ello. En el caso del CITA, el curso pasado iniciamos El mundo cambia en las distancias cortas, un proyecto colaborativo de uso de microscopios USB en el aula, que está teniendo gran acogida y en el que se comparten distintos  usos de la herramienta, material fotográfico y actividades. Pero existen muchos otros de reconocido éxito vinculados al mundo literario como: Kuentalibros, Lo tuyo es pura leyenda, Piénsame el amor y te comeré el corazón, Callejeros literarios, bailando al mismo son como: El sonido que habito, Kantaconmigo, C@ntamos contigo, o traspasando la pantalla como: Apreciando arrugas. Además de aquellos espacios en los que podemos compartir nuestro conocimiento como: En la nube TIC, Palabras Azules o Proyecto Guappis. Estos sólo son algunos buenos ejemplos; nombrarlos a todos aquí resultaría imposible.
 
Parte de ellos han finalizado, pero otros serán una buena oportunidad para poder colaborar con un gran número de docentes y con nuestros alumnos, en una nueva experiencia en la que se facilitará el aprendizaje por parte de todos. También, está la posibilidad de generar nosotros un proyecto que pueda incluir a otros compañeros. ¿Se os ocurre alguna propuesta interesante?, ¡seguro que sí!
 
Y, para finalizar el post, en esta ocasión, en lugar de una frase os dejo con un vídeo que seguro que muchos de vosotros ya habréis visto, puesto que ha tenido gran acogida en estos últimos días y que demuestra cómo la generosidad tiene premio:
 
¿Después de ver esto aún os quedan dudas?
 
Rocío Sánchez Fraile, Orientadora tecnológica del CITA.

 








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