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19 de Noviembre 2012
Herramientas de representación

 

En el campo de la educación y la tecnología, es común distinguir rankings tecnológicos que pueden tener títulos como: «Las 10 herramientas online para revolucionar el aprendizaje»; «Las tecnologías imprescindibles para cambiar el aula»; «Las mejores herramientas en línea para profesores»; «Las tecnologías educativas del año… o del próximo año» o, más concretas, «Los web apps más importantes en educación» o «Las 10 webs de vídeos educativos más potentes», por citar ejemplos.
 
El ramillete tecnológico es frondoso, cambia con una rapidez pasmosa y, qué duda cabe, son importantes para el aprendizaje, dentro y fuera del aula. No obstante, aunque estas herramientas tecnológicas sean necesarias, no son suficientes en la educación actual. Hace falta desarrollar herramientas simbólicas de representación del aprendizaje,hace falta una mirada pedagógica.
 
Para que «la caja de herramientas» del docente esté completa es preciso, además de los artefactos de los listados tecnológicos, representar el para qué, el cómo, con qué, con quién, qué o dónde educar. Responder a estas cuestiones permite dar sentido educativo a los artefactos tecnológicos. Entre estas herramientas de representación del aprendizaje y de la enseñanza están la pedagogía y la actitud pedagógica, que suele ser ese componente simbólico que nos permitiría aprehender el artefacto tecnológico desde una base y finalidad distinta a, por ejemplo, el interés de un experto en marketing.
 
Por ello, la herramienta simbólica que requiere la educación en su itinerario tecnológico, visto así, sería aquella reflexión, encuadre o visión pedagógica que permite entender la tecnología como parte de la realidad educativa. No se puede hablar de buena tecnología en abstracto, siempre es una «respuesta a…». En este afán, la pedagogía debe estimar si las expectativas, los roles, los entornos, los recursos, la interacción, los protocolos, los lenguajes, la evaluación y los procesos educativos posibles de organizar con esas tecnologías son significativas para cada contexto y finalidad educativa. Sería iluso pensar en este «imperativo pedagógico» arraigado en un vacío social y cultural.
 
Por ejemplo, el Top 100 Tools for Learning 2012, elaborado por el Centre for Learning & Performance Technologies, ofrece desde 2007 un listado de tecnologías de uso educativo. En esta última edición, han participado 582 profesores y profesionales de la educación de muchos partes del mundo que han seleccionado, desde su encuadre pedagógico, las herramientas que les han resultado más acertadas para su contexto educativo de uso. Esto es, la valoración de «las mejores», «las principales» o «las más importantes» tecnologías tiene sentido si, y sólo si, las podemos representar como una respuesta significativa al desarrollo educativo donde las aplicamos.
 
Que no nos apremien los listados tecnológicos, más bien que nos apremien los enfoques pedagógicos que usamos como respuesta al contexto educativo donde las aplicamos. Por tanto, no sólo es importante saber si Twitter o YouTube están listadas, sino preguntarse qué permiten resolver y qué función añaden al aprendizaje, aquí y ahora con mis estudiantes.
 
Para ampliar:
Top 100 Tools for Learning 2012: http://c4lpt.co.uk/top-100-tools-2012/  
 
Cristóbal Suárez Guerrero (Universitat de València)

 








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